La novela romántica gira en torno a conseguir un buen matrimonio. Bendecido por padres o tutores y por amor (o por simple gusto)
La novela romántica ha sido, durante siglos, género literario para mujeres. Ha tenido papel aleccionador para las jóvenes.
Nunca fue para mí un género literario interesante. Salvo excepciones.
Hermanas Bronte: Sentido y Sensibidad, Orgullo y Prejuicio.
Cumbres borrascosas y Jane Eyre son otras interesantes y exitosas novelas de estas autoras.
La mayoría de los matrimonios concertados, por interés salían bien. Y con frecuencia los de capricho resultaban un desastre.
Los mayores (padres, abuelos, tíos, tutores) más conocedores de la vida, sabían bien lo que convenía a sus descendientes.
Una pareja necesita estabilidad: vivienda agradable, ingresos fijos y suficientes (un buen sueldo, unas rentas) buscadas por la familia de la novia, sobre todo.
Por parte del hombre, se miraba: acceso a rentas que añadir, y al menos una "buena chica" (decente, casera, buena administradora de los bienes conyugales)
La economía doméstica y la honradez eran temas transversales en las escuelas e institutos de enseñanza media (en España hasta 1970) sobre todo para las mujeres. A los hombres se les inculcaba patriotismo, valor y honradez.
En las clases altas y medias se valoraba que la mujer tuviera estudios de bachillerato y/o de Magisterio, para educar a los hijos y ser buena compañera para el marido.
Era una vida planificada. Las "buenas hijas" lo aceptaban con gusto. Se huía de las "uniones de capricho". Y se hablaba de las "mal casadas" con pena o con despreció.
La soltería no estaba bien vista, ni en hombres ni en mujeres. Se consideraba un fracaso en la mujer, y golferio o apatía en el hombre.
Decían (1968) de una mujer de 35 años a quien había dejado el novio y que iba como "alma en pena". Igual que en el film "Calle Mayor" (de 1956) ambientada en el Logroño de los años 40. Los hombres hacían burla de la " solterona". Las niñas temíamos una situación así, hasta 20 o 30 años después.
Algunas hijas mayores se dejaban solteras para ayudar en casa y para cuidar a padres mayores. A no ser que se consiguiera para ellas un buen marido. Mi tía Purificación (1915-1993) lo sufrió. Era pobre y poco agraciada.
Estas mujeres, una vez liberadas de sus cargas (mayores y huérfanas) se dedicaban a la beatería y eran atendidas por la Beneficencia si carecían de rentas para mantenerse. A menudo su vida era más larga y menos triste que la de mujeres desgastadas por los numerosos partos.
Algunas "solteronas" de buen ver (25 a 40 años) casaban con viudos en buena posición. Llevaban el hogar y cuidaban de los hijos del marido. Era habitual que tuvieran pocos hijos o ninguno (por avanzada edad) Y podían llevar buena vida.
Una profesora particular mía tenía 28 años (cuando yo unos 12) era hija de una viuda sin pensión. A su padre lo mataron los rojos en Madrid, durante la Guerra Civil. La madre estaba muy preocupada porque no quería casarse con los que le salían. Ella era de muy buen ver. A su madre le parecía conveniente un viudo cuarenton que la pretendía. El tenía 2 hijos mayores, independizados. Era funcionario medio de Hacienda. Ella decía que era calvo, bajo de estatura, y soso.
Años después nos contaron que la vieron muy seria, del brazo con el calvo. Le llevaba ella media cabeza.
Otras historias:
Enviudo "el celador", conocido de mis abuelos. "La celadora" era vieja conocida de la familia. Decían mis mayores que tenía cara de chimpancé. Yo no la recuerdo. Se la veía con frecuencia en El Espolón (Logroño) sentada en un banco junto a la abuela Paquita.
"El celador" pretendio a una viuda mayor. Pero ella le dijo que se casara con su hija, que seguía soltera, para que le quedara la pensión y el piso, pues ella tenía ya pensión de su marido.
Se casó el viudo y la solterona y esta le cambió. El iba con traje y sombrero, como nunca vistió antes. Y nada de ir al café con los amigotes: a pasear por el Espolón. La nueva esposa aparecía muy ilusionada con el viejo. Y este resignado. Tenía 2 mujeres para atenderle. La madre llevaba la casa. Se la veía satisfecha, entraban 2 pensiones, pudieron tener asistenta.
Otra profesora mía (1965-1966) me enteré que casó después (h.1969) con un viudo con 5 hijos. Era una mujer muy alegre, que pasaba de los 40 años. No tuvo hijos. Fue feliz.
Una amiga de mi madre casó a los 45 años con un solteron de 44 al que le habían tocado 5 millones de pesetas en la lotería. Era un hombre alto, con apariencia rústica, alegre y amable, como ella.
El no se había casado antes por ser pobre. Y ella porque era demasiado "alegre", espantaba a los candidatos. Tuvo muchos "novios", lloró muchas veces, porque la dejaban. Siempre fue buena mujer y buena amiga. Los años 40 a 70 estaban llenos de prejuicios.
En siglos pasados la fertilidad de la mujer llegaba, normalmente, hasta los 40 años. Y podían vivir más de 80. Como mi abuela Paquita (1892-1981) que tuvo 4 hijos. Le vivieron 3, llegaron a adultos y le dieron nietos.
Se debían aprovechar aquellos años. Cuando yo era adolescente se empezaba a los 16 con novio. Y se casaban a los 19 o 20. Si se pasaba de 25 y no había previsión de boda, los padres se preocupaban, más los de mujeres
Pero también era preocupante que un chico se acercase a los 30 y estuviese sin novia. Con frecuencia la causa era la falta de estabilidad: hacia falta trabajo y casa. Tío Fernando se casó en 1964, con cerca de 40 años, con una compañera de trabajo de 28. El no había tenido novia. Ella sí, pero el 1º novio le daba largas y lo dejó.
A Paquita no le gustó la novia ni su historia. Fernando le dijo: "Y que voy a hacer, con esta edad?". Paquita le recordó que la hija del jefe "le hacía ojitos". Pero el tío F decía que no era aprovechado (So bobo!)
La hija del jefe era más guapa y simpática. Ya debía tener 30 años, o más. En Logroño no abundaban los buenos partidos. Había mucha emigración de jóvenes, a zonas de empleo y oportunidades (Bilbao, Barcelona, Madrid) Muchas solteronas eran de buen nivel económico y social (igual pasaba en Salamanca: "Entre visillos", novela de Martín Gaite)
El jefe sentía aprecio por Fernando, considerado buen trabajador (relojería joyería) No sólo él se hubiera beneficiado. También la empresa. El jefe tenía 2 hijas. Y 2 nietas, gemelas o mellizas, compañeras mías de colegio. Unas niñas muy arrogantes, favorecidas por las monjas.
No se pensaba en el amor. Eso ha sido y es cosa de novelas y adolescentes. Era gente mucho más práctica y menos caprichosa que ahora.

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