Cotidianeidad

Desde que no trabajo me gustan los lunes. Levanto la persiana y quito protectores de luz, de la puerta del balcón, en la sala de estar. 

A las 8.30 horas, en invierno, cuando los árboles no tienen hojas, desde mi sala de estar veo una esquina del supermercado más cercano. Está encendido.

Las tiendas abren a las 10, el súper a las 9. Estarán reponiendo productos en las estanterías. Que pronto entran a trabajar! Como yo en activo. Ya parece tanto tiempo!

También está encendido el bar. Servirán desayunos, a gente con vida laboral. Yo entraba en alguna cafetería, entre las 10 y las 11.30. Tomaba un café y algún pincho. Era el tiempo más feliz de mi jornada.

La frutería de enfrente seguirá cerrada hasta las 10. Antes llegara el dueño si tiene que arreglar algo y recibir mercancía. 

A las 8.30 pasa gente por la calle, se para alguna furgoneta de reparto. El tráfico se intensifica.


Por la ventana de la cocina se ve otro paisaje: el río. Está cerrada la valla del puente. Algunas personas pasean a su perro. Lo dejan suelto, si se fían de él. Hace sus necesidades, olfatea las esquinas y a sus congéneres. 


De nuevo voy a la salita. Enciendo la tele. Preparo la mesa para desayunar.

La gente con prisa va a trabajar. Los que llevan el tran tran de animales están jubilados, de baja, en el paro o entran en actividad más tarde. Yo salgo bastante mas tarde. Hace frío.

Pasa el autobús hacia la capital. Ya conozco su ruido. Más, y más coches.

8.45 una máquina barredora pasa ruidosa por la plaza, quitando las últimas hojas, palitos, polvo y algo de basura. Hay poco, pasa rápida.

Cuanto mejor emplearían mas barrenderos. Ahorrarían ruido y gasolina. Estos vehículos contaminan una barbaridad.

Doy el desayuno a los perrigatos y preparo el mío.

Desayuno viendo TV. Me entero del entorno que no domino. Ya me interesan pocas cosas. Nunca pensé llegar a ser tan apática.

No es tanto la edad como los contratiempos pasados los que alejan la alegría de vivir.

Salgo con la perrita. Tiro la basura, orgánica y reciclable.

Ella sigue el rastro de los olores. La llevo junto a los árboles y jardín urbano. Saluda a todos los perros que encuentra. Muchos son conocidos. Ella es muy sociable.

Saludo y/o hablo con algun cuidador perruno que encuentro. Brevemente, soy cada vez menos sociable.

Voy a algún asunto donde pueda entrar con perrillo. Nunca la dejo sola. Una vez se la dejé un rato a una conocida. Mi pequeña se angustio.

Echo lotería primitiva, muy poco. Sería la única forma de librarme de la pobreza, o hacer arreglos en casa. Pierdo todo casi siempre.

Mamá era un poco más afortunada que yo. Pero tampoco se salvó.

A veces voy 1º a la compra y luego la saco. En verano al revés: la bajo pronto, con el frescor de la mañana. Luego voy a comprar.


Volvemos a casa del paseo. Ha bajado el nivel de las aguas, otra vez. Dependerá de la apertura de compuertas de la presa de Santa Teresa. No baja muy turbia.

Del grifo sale un liguillo. Tengo botellones de agua del grifo por todo el piso. Y agua embotellada para un par de semanas o más.


Comemos. 1º doy a mi Lucy. Piden los gatos y les doy, un poquito de carne. Luego como yo. Solo un plato. A veces sin postre. La fruta es un lujo.

Suelo merendar: una pieza de bollería o fruta y agua. Las mas de las veces no ceno. Ahora tengo plátanos. Nunca compro bananas.

Meriendo viendo novelas de TV (hacia las 18 h.) Luego estoy un rato mirando la placita, y la carretera. O leo un capítulo de algún libro. Hasta que encienden las luces. He de tapar los cristales, las luces de la calle parecen enfocar nuestro balcón.

Antes se podía ver la noche: la gente que pasaba, las casas, el cielo. Ahora las luces me dan en los ojos !Qué molesto!

Estar en obscuridad me adormece. Me acuesto pronto. Mis pequeños se refugian todos en el dormitorio. Y a esperar el nuevo día.

En buen tiempo tengo la puerta del balcón entreabierta por las tardes. Más espacio. Gusta a los perrigatos. 

Yo estoy dentro escondida. Yano me miro al espejo. Me echan diez o doce años más de los que tengo. Que rabia da! Los animales me tratan igual que siempre. Ellos no buscan juventud y belleza, buscan el amor, servicio, protección.


Me entristecen los viernes. Sin las novelas gran soledad. Tiempo aburrido: comer, evacuar, pasear si hace buen tiempo. Lo normal es no tratar con nadie días enteros.

Me estoy embruteciendo. Estoy perdiendo la soltura de hablar con los demás.



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