Nuestros primeros años (50 y 60s. siglo XX)


Ernesto y María se casaron el 8 de agosto de 1952. Viajaron hacia el Este: primero a Zaragoza, para visitar a la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, y luego a Pobla de Segur (Lérida) donde vivía el hermano mayor de María, Nestor, casado con Cármen. Tenían un hijo de corta edad, Nestorín.



Al volver a Logroño se alojaron en casa de la tía Petra, hermana mayor de la abuela Paquita. Mamá no se llevaba bien con ella y la joven pareja buscó un hogar propio, el sueldo de cabo lo permitía.
Hacia 1953, poco después de casarse, Ernesto y María alquilaron una vivienda en la Calle Carnicerías, zona antigua. Allí nací yo, tiempo después.

Contaba mamá que yo fui un bebé caprichoso e impertinente: "siempre estabas enfurruñada" me dijo.

Le di muchos quebraderos de cabeza con la comida. Entonces no había alimentos para bebés. Mamá me hacía purés.

Papá ascendió de Cabo a Sargento, obtuvo destino en Vizcaya, en algún puerto, en la lucha del contrabando. Mamá pasaba sola conmigo mucho tiempo.

Yo con mamá y papá, en Ea (Vizcaya)

Mi primer viaje, en tren, fue de Logroño a Bilbao. Fui con mamá y el tío Fernando. Entonces Vizcaya era una de las provincias más prósperas de España. Había mucha actividad industrial. Y mucha contaminación. A mamá no le gustó y volvió a Logroño enseguida.

Mamá compró, a plazos, un piso de la Caja de Ahorros de Zaragoza y Rioja. Dio una entrada de 10.000 ptas. Debía de ser 1956 o 1957. Era mucho dinero entonces. Papá pidió permiso y vino a ver "en que se había metido su mujer". Mamá no necesitó permiso de nadie y era muy sensata. Mi padre aprobó totalmente su decisión.

El bloque de casas fue construido en un solar muy alejado de la ciudad. Hacia el Este, a la izquierda de la carretera de Zaragoza, antes de cruzar el Iregua. Calle Caballero de la Rosa. 

Por el Oeste, a lo lejos se veían las torres de las iglesias (La Redonda, San Bartolomé, Palacio) Por el Este las instalaciones deportivas Cantabria, con piscinas abiertas en buen tiempo. Más allá Barea, que debía de ser ya barrio, como Yagüe en el otro extremo. Una línea de autobús conectaba Este y Oeste de Logroño.

Era un piso espacioso, 90 metros cuadrados o poco más, 3 dormitorios, salón, cocina cuadrada amplia. Aseo pequeño. Galería al Oeste, a la que daban cocina y aseo. Mamá hizo hacer una pequeña reforma, colocando una ventana en la galería, junto a la puerta. Y dio luminosidad a la cocina. Asi  era estancia agradable. Allí hacíamos la vida. 

Escuchábamos en la radio "Matilde, Perico y Periquín", muy divertida. Recuerdo el anuncio de "Colacao": Yo soy aquel negrito, del África tropical, que cultivando cantaba la canción del Colacao..". Y sonaba la bonita música de los años 50 y primeros 60 (americana, del norte e iberoamérica)

En los años 60 el tiempo fue muy seco ("La pertinaz sequía") pero a veces venían unas tormentas que daban miedo (por el Oeste) Se obscurecía el cielo en horas de luz y descargaban rayos y truenos, a veces también lluvia fuerte y granizo. Solía ser más ruido que agua (mucho ruido y pocas nueces, se decía). 

El bloque, aislado en la llanura retemblaba. Vivíamos en un segundo, las vecinas de los terceros se refugiaban en la escalera, y nosotras en la primera habitación (al Este) junto a la puerta, que servía de sala de estar y de juegos. Mirábamos por la cocina, a través de la galería: "Ya despeja", decía mamá, y volvíamos a nuestras tareas. Yo hacía los deberes o dibujaba.

Nosotros en la boda de la prima Ester, hija de Jesús y Serafina.
Mamá llevaba un vestido muy bonito, sedoso, azul obscuro con dibujitos escarlata, hecho por ella.
Papá nunca fue buen bailarín, la agarraba mal y parece que mamá tiene chepa. 
Estaba muy guapa, nunca fue fotogénica, igual que yo.
Yo siempre estuve orgullosa de mis padres, tenían buena presencia y eran prudentes.


Entre mis padres, yo en la boda de Ester.



Casi todas las tardes mamá me llevaba a casa de los abuelos, sus padres (Marcos y Paquita) El tío Fernando vivía con ellos, estaba soltero.

El tío Fernando y yo. Fuente de la calle Marqués de Murrieta.
Era el hombre más guapo y agradable que yo conocía. Soñaba con encontrar uno parecido a él.


Íbamos en autobús, pues estaba bastante lejos del "pisito". Vivían por la zona de Marqués de Murrieta. Desde su casa se veía pasar el tren. Decía mi madre que esa fue la primera palabra que se me entendió: " e ten, e ten".

Un día, en casa de mis abuelos, saqué una caja grande del trastero. Contenía tebeos antiguos, con viñetas en blanco y negro. Vi con sorpresa dibujados curas en posturas irreverentes, con el culo al aire, sobre señoras en camisón o desnudas. 
Encontré también una bonita cinta de 3 colores ( rrojo, amarillo y morado) "Esto me servirá para la coleta", pensé, y me la puse.
Me vio alguno de mis mayores y "se armó la gorda". Mis mayores parecían histéricos.
- !Lo que ha sacado la niña!
El abuelo se puso a romper los tebeos.
- ¡Que no los he visto!
- ¿De quien son estas cosas?
- Serán de Nestor (el mayor de mis tíos) - dijo Fernando, el único que sonreía. Supongo que no reía a carcajadas por si su padre, mi abuelo, le soltaba una "ostia".

 Y me quitaron el lazo "con cajas destempladas", cortaron la cinta y lo tiraron todo a la basura. La cinta tenía los colores de la bandera republicana (rojo, amarillo y morado)
- Esto no se puede tirar en cualquier sitio. 
- Yo iré esta noche a otra calle - dijo alguien.

En aquel tiempo pasaba el carro de la basura, tirado por una pobre caballería, al poco era un camión que hacía un ruido espantoso y olía fatal (a gasógeno y basura, supongo) por las noches (hacia las 22 h.) y los vecinos lanzaban el contenido de sus cubos al contenedor. A veces hacían bolsas, con papeles, supongo, o envoltorios (el plástico se inventó poco después)  

Resultado de imagen de Logroño
Plaza del Mercado. catedral de Santa María de la Redonda. al fondo Calle Portales.

En "el pisito" no vivimos mucho tiempo. En unos pocos años anduvimos "de la Ceca a la Meca". Yo no pude ir a la escuela con regularidad. Mis padres me enseñaron a leer, escribir, contar y cultura general. Y cuando había escuela iba, pero normalmente enseñaban menos de lo que yo ya sabía. Me aburría.

Mi padre fue destinado a Arnedo (Logroño) Mamá guardó buenos recuerdos. Lo más recuerdo un abrevadero donde venían a beber los animales (ovejas, cabras, burros) bajo nuestro balcón. No recuerdo los paseos junto al río Cidacos, ni hasta la estación de tren, ni las carreras de los mozos portando a los santos Cosme y Damián, patrones del pueblo. Ni la feria donde llevaban cerdas con sus crías y otros animales. Tampoco me acuerdo del perro pastor alemán del cuartel, sumiso y obediente con papá. Algunos guardias y familias le tenían miedo. Todo me lo contó mamá. 

Yo (la más pequeña, izda.) con niños, un guardia y el perro del cuartel.

Un verano papás quisieron que yo conociera el mar (pues antes era bebé) Fuimos a la costa vasca y lugares donde papá había trabajado. Llegamos a Portugalete. Los Altos Hornos emitían un humo espeso y negro, parecían las bocas del infierno. Olía fatal, picaban los ojos y sentíamos ahogo. "Y los pobres que trabajan ahí..." dijo alguien. Subimos al puente colgante. Una plataforma donde subían coches y personas. Pasamos a Las Arenas, a la playa. Allí se estaba bien. Tengo algunas fotos, no me acuerdo de la playa.

Mamá y yo en Portugalete.

Otro año pasamos por Bilbao tenía una ría con agua color butano. La contaminación era espantosa. Menos mal que mamá no quiso estar allí conmigo, hubiéramos enfermado, como mucha gente. Papá tuvo que ir al médico para tratar la congestión de garganta y la nariz. Por ello había pedido otro destino. Estuvimos en Lequeitio, agradable olor a mar, juegos en la arena, comida de pescado, chillidos de las gaviotas.

 En Santander estuvimos solo unos meses. Recuerdo los jardines de Piquío, muy bonitos, con plantas tropicales; y la cripta de la catedral, muy baja de techo comparada con la nave de arriba. Paseo de Pereda, unas barracas de feria. Allí me fijé por primera vez en una planta suculenta, de hojas pequeñas, porte raso, que mamá decía que curaba heridas. Y es verdad. Solo crece en el Norte de España (y en Oporto)

Los 3 en el puerto de Santander.


Teníamos casa con vistas a la bahía, y jardín huerta. Me balanceaba en un columpio. Veíamos los barcos, de pesca y mercancías. Sonaban sus sirenas. Pero mamá tenía que cruzar una carretera muy transitada para ir a la compra.
Papá ascendió de Sargento a Brigada y cambio de destino. ¡Lastima!

Papá en Madrid, al fondo la escultura de don Quijote y Sancho. Y el edificio más alto entonces. 
Era invierno.

Destino en Cabo de Gata (Almería)

El viaje era largo. De Logroño a Madrid, de Madrid a Almería, en tren. En Almería en coche, hasta el pueblo. Primero el autobús (rojo desvaido) más viejo y destartalado de la estación. Al poco tiempo el más bonito y moderno (azul cielo luminoso)


Mamá fue de riguroso luto, su padre, el abuelo Marcos, había muerto. Fue poco después de hacer yo la primera comunión. Entonces se hacía a temprana edad, en que se tenían 6 años.9

Mamá y yo, en el puerto de Almería capital.


El pueblo estaba a 27 kilómetros de la capital. Primero se cruzaba el largo barrio de la Cañada (casas bajas, de una planta, coloreadas) y luego todo era cruzar "guadis" (cauces torrenciales) normalmente secos. El autobús daba unos vaivenes que mejor no ir recién comido (carteles de carretera advertían los "vaches") Parecía todo desierto, ¡que paisaje más feo!
Llegamos con mucha hambre. Teníamos una hogaza grande, de pan (comprada en la capital, supongo) y chocolate ¡Que bueno nos supo! 

La casa que habitamos parecía para animales, con batipuerta. El retrete afuera, un agujero en el patio. Usamos orinales. Mamá lanzaba la porquería al pozo negro y lo tapaba. Nos tuvieron que poner luz eléctrica y conducción de agua, hasta la cocina, obscura, con ventanuco al patio. Nunca habíamos visto una vivienda más horrible. Pero estaba muy bien situada, en la calle principal, y se veía la plaza del pueblo. No estaba asfaltada, ni empedrada ninguna calle.
A la iglesia la gente iba con silla. No tenía bancos.

Íbamos a Almería capital una vez al mes. En el Economato de la Guardia Civil, mamá compraba latas de carne y de champiñones. Entorno al Mercado se veían ya los primeros objetos de plástico, de vivos colores. Me compraron un muñeco, cubo, pala, rastrillo, orinal de plástico, colorido. Y sillita de madera clara, con asiento de plástico, en damero, blanco y rosa. Se me quedó pequeña enseguida.

En el pueblo la gente comía gachas y pescado (morralla) Mamá compraba buenos peces. Me puse tan maja que al poco tiempo parecía mayor de mi edad.

Mamá y yo en el paseo marítimo de Almería. Le llamábamos "el hotel palmera". 
En buen tiempo comíamos al aire libre.



Llegamos en el tiempo del rodaje de "Laurence de Arabia" (1962/63) Al estallar el tren se asustaron los dromedarios y éstos aterrorizaron a los caballos que salieron corriendo hacia la sierra. Unos hombres los perseguían, también a caballo, por la kilométrica playa. Yo era muy pequeña, mamá, que era muy buena relatora, me lo contó.
No hubo ninguna desgracia por las calles del pueblo, pues entraron algunos equinos desbocados. Los guardias civiles ayudaron en la recogida de los animales.

Luego rodaron "Cleopatra" (h. 1963) con Liz Taylor. En unas vacaciones pasamos junto a la zona de rodaje. Recuerdo a un dromedario altísimo, pasar con su andar cadencioso, un hombre iba encima, parecía pequeño de grande que era el animal.

Papá y yo, en aquella inmensa playa, que iba de la capital al Cabo de Gata.
 Al fondo una torre de vigía, ya en desuso.

Me entretenía jugando en la arena, con  las hierbas resecas que crecían por allí. A lo largo de la playa había chamizos de paja, muy pequeños, donde los guardias podían pernoctar tumbados, en las noches de tiempo desapacible. Con el calor veíamos espejismos: la arena borboteaba, como agua hirviendo, y a veces parecía agua donde no la había.

Cogíamos bibalbos que allí llamaban "coquinas". Y las sacábamos como bailando el "twis". Mamá las cocinaba. Cogimos muchas conchas y caracolas grandes vacías. Poniéndola en una oreja decían que se escuchaba el mar (es en realidad nuestra sangre en circulación)

A veces íbamos por huevos y verduras a una granja cercana al pueblo, (la Jorica) un oasis en medio del desierto. Vegetación verde y unos pocos animales (gallinas, cabras, cerdos, un perro, algún gato, en semilibertad) Muchas pitas en el camino con sus hojas pinchonas, palmeras de dátiles, chumberas y  arbustos en torno a la casa y una huerta que daba melones y sandías gigantes, de 10 kgrs y más, que habían de llevarnos a casa en carretilla. Tomates, lechugas, acelgas, todo producido de forma natural, en tierra arenosa y agua algo salobre, pues hasta allí llegaban las salinas, con abundante vegetación halófila natural en la que uno podía perderse. Poca gente tenía una dieta equilibrada. 

Allí tuve mi primer contacto real con el mundo rural: los animales, las plantas, el espacio (casas, calles, playa, carretera) Me gustaba observar a los animales, su porte, sus pelajes, sus sonidos: burros, cabras, cerdos negros (chiros) gatos, el perro "Folitre" que vagaba por el pueblo libremente y se acercaba donde le daban de comer. Cuando veía a niños se paraba y le acariciábamos el pelaje. Decían que era del cuartel, pero yo nunca lo vi allí.

La costa no era muy segura. A los pocos metros de la orilla había un bajón, un desnivel importante que hacía "perder pie" a los adultos. Y las corrientes marinas llevaban mar adentro. Papá sabía nadar y enseñó a mamá, pero no pudo conmigo. Yo le tenía mucho miedo a tan gran colección de agua. Me daba más miedo que el Cantábrico. Allí apenas había oleaje. No me alejaba de la orilla ni con mis padres cerca, y llevaba flotador aunque el agua llegara a los tobillos.

Felipe, un chaval del pueblo de 16 años, que era "algo tontito" (disminuido psíquico) muy buen nadador, salvó a una niña. Se la llevaba la corriente mar adentro, en una colchoneta donde dormía. "Ve y tráela", le dijeron, y el chaval en unas pocas brazadas la alcanzó. Si no hubieran tenido que sacar alguna barca. 

Vuelta a Logroño
Hacia 1964 papá ascendió a Subteniente y fue destinado a Cenicero (Logroño) donde estaríamos más tiempo que en otras partes. Allí me incorporé a la Escuela y luego preparé la Introducción al Bachillerato.
Cenicero está a 30 km de la capital, por la carretera de Haro (y de Miranda de Ebro)
Era un "pueblo calle". La carretera por medio del pueblo. Hubo varios accidentes graves.
Está (o estaba) a una altura considerable de la vía del ferrocarril, paralela al río Ebro. Desde la ermita de la Virgen de la Vega una buena vista panorámica. Íbamos algunas veces allí, a pasar un buen rato, al fresco.
Por lo demás el pueblo era feo. Por las tardes de buen tiempo subíamos del cuartel al "monte" del canal de riego (en realidad es una terraza de río por donde creo que pasa ahora la carretera de Haro) En la temporada de moras entrábamos en "la pieza" (campo de cereal y olivos junto al cuartel)

Papá en uniforme de verano, junto al Canal de riego, arriba del pueblo.

Y paseábamos todo el año entre los viñedos de la carretera hacia Nájera. Tras la vendimia entrábamos y cogíamos los racimitos sobrantes. La uva recién cogida si que sabe buena (habíamos de limpiarla del polvillo)

Papá raramente nos acompañaba, era "comandante de puesto" y estaba sobrecargado de trabajo: papeleo en la oficina, dirigir el tráfico en los partidos de pelota, atender algún servicio, patrullar por los caminos a otros pueblos, apagar fuegos y yo que se. Nunca vi menos a mi padre que mientras estuvimos en aquel pueblo. Le llamaban hasta para apaciguar matrimonios que reñían, decía él que no era su competencia y los mandaba al cura.

Los guardiaciviles de Cenicero. A la izquierda de papá el cabo. A la izquierda de este el guardia más reciente, casado con una chica de 21 años y con una niña pequeña. De los otros no me acuerdo.


Papá era una de las autoridades del pueblo, junto con el alcalde y el cura, iba en la procesión y tras los músicos en las fiestas del pueblo. Parece que éstos solo sabían una pieza "incendio en río", a la ida y a la vuelta. Papá convino con el alcalde que se debía modificar la costumbre de ir por la carretera, pues se detenía un tráfico importante durante bastante tiempo. Y el alcalde dijo: "no van a querer, la gente ha ido por la carretera siempre y son duros de mollera". Y papá dio la solución: "usted dígaselo solo a los músicos, la gente les seguirá". Y les pareció mejor, porque así entraban por calles del pueblo que se alegraban a su paso. Solo había que interrumpir el tráfico por el puente y luego al cruzar la carretera para ir por la otra mitad del pueblo.

Nos gustaban las vaquillas. Era muy divertido porque conocíamos a los mozos más atrevidos. Papá al pasar por el ruedo, una vez, fue envestido por una vaquilla pequeña. Le sujetó bien los cuernos. Y su proeza fue ovacionada: "Menuda sandez, ¡una cría!", dijo papá. "Podías haber esperado", dijo mamá. Era la vaquilla para niños y mujeres, y si le hubiera hecho caer hubiera sido el hazmerreir del pueblo.


Ya en los primeros años de bachillerato, en Logroño capital (desde octubre de 1966)  mis mayores seguían con sus fobias.
Primero hube de preparar el examen de Introducción al Bachillerato con la señorita Candi, en las escuelas de Cenicero. Una de las maestras más jóvenes del pueblo.

Bachillerato en el Instituto Marqués de la Ensenada, de Logroño.

Llegué un día a casa contando que la "Señorita" de gimnasia nos había dicho que podíamos asistir a clases de bailes regionales.
Se enteró mi padre que eran en la misma calle donde vivíamos (Capitán Cortes) y que era un local de la Sección Femenina.
¡La que se armó!
- No eso es Política.
- Papá, es para bailar la jota.
Pues No, la jota la tuve que aprender aquí, en Salamanca, ya en la Transición a la Democracia.
Para mis mayores, sobre todo para papá, "Política" era algo malo. Como si yo fuera a entrar en la Falange por aprender a bailar la jota, la muñeira, las sevillanas.

La Sección Femenina, esa gran desconocida, fue el baluarte del Feminismo.
Todos mis profesores debían de tener carnet del régimen. Las profesoras eran muy críticas y renegaban del dominio de los hombres aún delante de las alumnas. ¡No se como se atrevían! según mi padre.
Una profesora de Formación Político Nacional era abogado. Se lamentaba de no poder ejercer su carrera por ser mujer, y tener que estar dando clases. La profesora de Labores del Hogar y Cocina era aún mas explícita y crítica, pero graciosa.

Estas eran mujeres "solteronas", un tanto despreciadas por la sociedad por no quedarse en casa y hacer sus labores. Lo más les dejaban enseñar a las niñas del bachillerato, en asignaturas no fundamentales. 

Solo tuve una profesora en asignatura importante, en Matemáticas, la señora Ester Adán, excompañera de escuela de mi madre. La cual nunca manifestó feminismo ni lo contrario.



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