La muy noble y muy leal ciudad de Cenicero. Nombrada así porque el pueblo se volcó en atender a los heridos de un descarrilamiento, a principios de siglo XX.
Antes, los cenicerenses tenían mala fama: gente borracha y malencarada.
Cenicero: pueblo de la Rioja, a 30 minutos de Logroño en coche, por la carretera hacia Haro y Miranda de Ebro. Y algo mas por tren, vía junto al Ebro, aguas arriba.
Es donde mas tiempo viví, porque le gustaba a mi padre (al estar cerca de Logroño) donde teníamos a la familia y piso propio.
Tengo muchos recuerdos, yo era escolar y allí llegué a la adolescencia. La mayoría de los recuerdos son buenos.
En los años 60 Cenicero era un pueblo calle, la carretera lo partía en dos. Era un pueblo peligroso (como lo fue Santa Marta, hasta hace poco, por la misma razón)
En Cenicero, además, el paso por el pueblo se hacía por un puente y una calle estrechos. Hubo varios accidentes graves.
El pueblo tenía entonces unos 2.000 hab. Y sigue por ahí. No tiene mucho para crecer, mas bien al contrario. Espacio reducido, entre el río Ebro y terrazas de río. Economía limitada: viñas-vino y poco más.
El Cuartel de la Guardia Civil estaba en un caserón centenario, de piedra, muy mal acondicionado para viviendas de familias. En la Escalera, entre plantas, 2 retretes para todos. Aseos de tiempos pretéritos: con agujero y 2 dos apoyapies, había que obrar agachado, en cuclillas. Uno llegaba a cansarse. Y además subía un relente...al c... que mejor usar el orinal. Así las mujeres daban los buenos días a sus vecinas, bajando con las deposiciones, y subiendo los orinales vacíos. Los guardias, muy machotes ellos, decían que las tazas de vater eran para embarazadas.
Los niños teníamos un buen patio para jugar, con pilón-abrevadero siempre con agua limpia (algunas mujeres lavaban allí) higueras y un nogal en medio, que buenos frutos daban estos árboles.
Detrás corrales de gallinas. Cada guardia y el cabo tenían un corral (nosotros no) Me sorprendía que cada gallina supiese cual era el suyo, un espacio en tierra y una casita. Iban entre corrales como señoras de paseo o de compras. Había una puerta que daba al campo, debía estar cerrada para que las gallinas no salieran.
Al lado había un campo de trigo con olivos (la Pieza) El dueño se quejaba a veces de encontrar gallinas por su campo y decía que lo estropeaban. Los niños teníamos advertido de no dejar la puerta abierta. Y se debía cerrar por la noche, con pestillo interior. Aunque era fácil entrar y salir por la tapia. Alguna vez robaron gallinas y huevos a los guardias.
A un lado de La pieza, campo de trigo con olivos. Había también zarzales, con moras y "tapaculos". Las primeras nos las comíamos, con los segundos nos hacíamos collares.
De la pieza al canal de riego (que construyeron después de llegar nosotros) había una buena cuesta. Subíamos por un camino, con una fila de olivos en escalones. Muchas tardes de buen tiempo, mamá y yo subíamos con la merienda y un banquillo plegable. Nos sentábamos bajo algún olivo.
Esperábamos a papá que tenía siempre mucho trabajo: patrullar por el campo, con alguno de los guardias, y trabajo administrativo. Había días enteros que no le veíamos, ni de día ni parte de la noche. Llegaba hecho polvo. Apenas comía algo y se acostaba. Desayunaba muy pronto y se bajaba a la oficina, y luego de servicio.
Los guardias tenían varios pueblos a cargo de "la comandancia de Cenicero". Me suenan San Asensio, San Vicente (el de "los picaos") Briones y otros mas que no recuerdo. Iban a pie, por los caminos, hiciera el tiempo que fuera, como en el siglo XIX.
En los veranos ayudaban a apagar fuegos. Venía papá que parecía un minero.
Los días de pelota vasca en el frontón, papá dirigía el tráfico (por la carretera general y desviación al frontón) Mamá y yo nos aficionamos a ese juego. Iba mucha gente, del pueblo y de fuera. Eran los tiempos del pelotari Barberito III, un hombre de muy buena presencia.
Los delitos mas frecuentes eran robo de gallinas, asaltos a bodegas y mamporros entre energúmenos. También había peleas entre matrimonios. A estos papá los mandaba al párroco, decía que no era su competencia.
Los curas, siempre diplomáticos, tenían buena mano para apaciguar peleas conyugales. Aunque hubo quien prefería la autoridad civil, por ser ateo o lo que fuera.
Papá no aceptaba regalos de gente humilde. De los bodegueros ricos si, porque daban a todos los guardias, buenas botellas ¡Que vino mas bueno hacían!
Yo bebía vino desde que dejé de mamar (pasé de la teta al porrón) Ya por aquel tiempo, pasados los 9 años, no lo bebía muy rebajado. Me enseñaron a no abusar. Solo en la comida del medio día, y un trago de agua antes (con lo que ya entraba bautizado) Nunca tuve problemas de alcoholismo, y aguantaba mas que mi padre. Papá se crio sin vino (de niño y de joven) y nunca fue muy aficionado.
Mamá, como buena riojana, aguantaba mas que mi padre. Contaba que, de recién casados, le puso un vaso de vino para comer. Que el bebió y le dio un mareo. Y luego ya le ponía vino rebajado con agua. Y el vaso de ella de vino normal.
Conmigo ponía un porrón en la mesa con vino y gaseosa. En Cenicero creo que ya no rebajaba el vino. Papá bebía muy poco. Y me controlaba los tragos del porrón. Entonces la gaseosa (La casera) era muy buena, no sabía dulce.
En Cenicero había de todo, carne, pescado, frutas y hortalizas, leche, huevos, legumbres. Aún no había supermercados. En Logroño, años 60, había algún self-service (Spar) En los pueblos había tiendas ultramarinos y productores a los que comprar: leche recién salida de la vaca (había que hervir) huevos aún calientes, del gallinero. Legumbres del señor X o la señora Y. Pescadería y Carnicería (o varias) Llegaban camiones de reparto varias veces a la semana, productos bien frescos.
Los pescados venían del Cantábrico en unas pocas horas (a Cenicero y a Logroño) A veces vendedores ambulantes. La miel de la Alcarria (de Guadalajara) ¡que buena! gorda (no el aguachirle de ahora) Las castañas de la Vera (Cáceres) rara la que salía mala (las de Salamanca son basura)
Comíamos de lo mejor. Teníamos un buen nivel económico. El sueldo de papá estaba ligeramente por encima de la media (en nuestro entorno) Yo me sentía hija de una autoridad, mis padres eran jóvenes, atractivos, razonables. Todos teníamos buena salud. Pero no me enseñaron a ser orgullosa, mas bien lo contrario (a ser humilde) Tenía mejores amigas entre chicas del pueblo llano que entre hijas de ricos y medianos. La gente tenía en buena consideración a mis padres. Me enorgullecía por dentro.
Algunas veces, mamá y yo, íbamos a pasear por la carretera de Nájera. Entonces las carreteras tenían árboles en sus cunetas. Había árboles muy altos a la salida del pueblo, justo desde el cuartel. La carretera de Nájera también era arbolada.
En el verano por el terraplén de la Pieza al canal hacía demasiado calor, aún bajo la sombra de los olivos. El paseo por la carretera de Nájera era mucho mas agradable, bajo la sombra de árboles añosos y entre campos de vides. Había poco tráfico por las tardes, cuando nosotras paseábamos. Como siempre, raramente papá podía acompañarnos.
Al bajar de casa entrábamos en la oficina, cuando mamá sabía que iba a estar allí, ante un escritorio lleno de papeles, y nos decía que tenía mucho trabajo y "a ver si puedo...", era raro que pudiera. Y a la vuelta, o lo encontrábamos igual, o el guardia de la puerta nos informaba que había ido a algún servicio (¡Y no pagaban horas extra!)
Después de recogida la cosecha de uvas, se podía entrar a racimar: a coger los pequeños racimos (con pocos granos de uva) que quedaban en las vides. No lo hacía mucha gente (en los 60, por allí pocas familias eran pobres) tampoco cogíamos mucha cantidad
¡Que buena la uva en la viña, recién cogida, no sabía dulce! Se limpiaba el polvillo con un trapo limpio y se comía. Y comíamos todos de lo que habíamos traído a casa unos cuantos días. Luego íbamos a por mas hasta que no estaban buenas o no quedaba nada.
Casi enfrente, izda, del cuartel había una fábrica de alcohol ¡Que mal olía a veces! Era preferible el olor de la guarnicionería de enfrente, dcha. El guarnicionero era un artesano del cuero. Hacía muchos objetos con la piel de animales: los mas espectaculares eran las monturas para caballerías.
Había un hombre que iba a su campo montado en un burro mas bien pequeño. Los pies le llegaban cerca del suelo. El burro no estaba flaco pero nos daba pena. Mamá recordaba de su tiempo al "Guindo", un campero de Logroño, grande y gordo, que iba también en un pobre burrito. Nunca he sentido el mas mínimo interés en montar a caballo. Es injusto y ofensivo aprovecharse de un pobre animal.
No vivimos siempre en el cuartel. Primero en el piso alquilado de una casa, en la trasera del cine. Íbamos muchas veces, yo cuando la película era tolerada. Teníamos tres asientos atrás, reservados. Iba poca gente pues ya comenzaban a interesar los programas de televisión. Mis padres iban a la sesión de noche cuando la película era para mayores. Yo me quedaba en la cama. Al otro día mamá me la contaba. Creo que uno de aquellos films fue Lady Alcón. Siempre que veía después lo que mamá me había contado me decepcionaba. Mamá era muy buena narradora (y redactora)
Luego papá vio que quedaban pisos vacíos en el cuartel y pasamos allí, para mayor comodidad. Y, así ahorrábamos el alquiler. Estuvimos bastante tiempo en el cuartel, primero en el segundo piso, ventanas pequeñas al norte, a la carretera. Luego, cuando el guardia Bohillo, se jubiló, pasamos a su piso, en el primero, al patio, frente al pilón.
El caserón del cuartel se compartía con el matadero. a veces había malos olores, pero lo mas angustioso era que se escuchaban los gritos de los animales, a los que mas se oía era a los cerdos. ¡Pobres cerdos!
No me importó que el nuevo capitán obligara a mi padre a vivir fuera del cuartel, "porque tenía sueldo suficiente para pagar un alquiler", le dijo. No era tanto, entonces la vida era muy estable (los precios subían poco, y solo una vez al año)
Alquilaron mis padres un piso pequeño, en la calle principal, zona porticada. Era pequeño y de esquina, con balcón, barandilla de madera. Casa muy antigua también. Zona muy ruidosa, por la carretera, los coches de reparto, los negocios de los bajos. Yo estaba poco tiempo, iba al pueblo en vacaciones, durante el curso vivía con la abuela Paquita en Logroño.
Accidentes:
Cenicero tenía el apelativo de "La muy noble y muy leal Ciudad de Cenicero", por un horrible accidente de tren que había sucedido hacía mucho tiempo, y donde los cenicerenses se volcaron en ayudar. Hasta entonces los pobladores tenían fama de antipáticos.
Había una canción con palabrotas dedicadas a todos los pueblos (Coño, coño los de Logroño, los de Logroño, coño coño los de Logroño estamos aquí. Pijo, pijo los de El Cortijo los de El Cortijo...)
Los accidentes mas graves, durante el tiempo que papá estuvo en ese destino fueron de bodegas y de carretera.
En el sótano de muchas casas había bodegas para autoconsumo y poco mas, donde guardaban el vino de pequeñas parcelas. La mala ventilación de algunas daba lugar a accidentes graves. Una vez murieron varios hombres. Uno se desmayó y otros intentaron sacarle. La gente comentaba la desgracia y como lloraban las familias en el funeral y el cementerio. Los guardias solo pudieron testificar que fue un accidente. No fue la primera vez ni la última.
En la carretera un camión aplastó a una chica contra el muro del atrio de la iglesia. La madre se asomó para ver marchar a su hija, gritó creyendo que la había pillado, el camionero reculó y entonces la aplastó. Fue otra terrible tragedia.
La parte mas peligrosa de la carretera era la zona de la iglesia y el puente. Al otro lado del puente estaba la estación de ferrocarril. Había que recorrer una carreterilla mal acondicionada, un tramo largo. Estaban también unas bodegas importantes, hacia la zona de la vía y el barranco. Y al otro lado la Plaza de toros y, creo, que el cementerio.
Tratemos de cosas alegres y agradables otra vez:
Las fiestas de Logroño y sus pueblos eran muy alegres, con música de chistularis o de charangas. En Cenicero la banda municipal tenía un repertorio poco variado. Lo que mejor sabían tocar era Incendio en Río (de Janeiro) por Sacha Distel, de moda a principios de los 60. Sonaba machaconamente a la ida y la vuelta de las vaquillas.
Las vaquillas se hacían en un corral que servía de plaza de toros. No era redonda, era poligonal. Los guardias y sus familias teníamos bancada preferente. era muy divertido, porque conocíamos a los mozos. Los había mas atrevidos y teatrales que otros. Y alguno de ellos mas artista de la Tauromaquia. Las vaquillas eran mas ligeras que los machos, se daban la vuelta con facilidad y embestían en el culo a los mozos que no alcanzaban el burladero. Había una enfermería, donde atendían a los magullados. A veces les vendaban demás, para teatralizar sus hazañas.
Sacaban una vaquilla pequeña para mujeres y niños. No se porque a papá se le ocurrió cruzar la plaza en aquel momento. El animalito fue hacia el, papá le sujeto los cuernos y la gente le aplaudió. Mamá le riñó: "no se porque no te esperaste". Si llega a caerse hubiera sido el hazmerreir del pueblo. Papá no le dio importancia: "¡era una cría!". Si, si, mucho mas grande que un perro mastín, le superaba la cintura y vaya fuerza que tienen.
Al ir y al volver la comitiva de músicos y gente hacía parar el tráfico por bastante tiempo. Por el puente y zona de la iglesia era inevitable ir por la carretera general. Papá dijo al alcalde que los músicos debían entrar por las calles del pueblo. Y solo tendrían que cortar el tráfico en el tramo del puente y la iglesia, y luego para pasar al otro lado.
El alcalde dijo que la gente estaba acostumbrada a ir y volver por la misma calle y no iban a querer. Papá aconsejó que no anunciara el recorrido. "La gente seguirá a los músicos. Ya verá como les parece bien". Y así fue. A la gente le alegró que la música pasara por las calles del pueblo.
Y sonaba la misma música (recargada de bombo) que era alegre y agradable: Incendio en Rio (… la manguera donde está, donde está la escalera... no perdamos el control..) Música tipo samba rápida, de jolgorio.
Fue mi época de escolarización mas larga. Aconsejaron a mis padres que me llevaran a la escuela de monjas, donde iban los hijos de los guardias y los "riquillos" del pueblo. Por no haber tenido escolarización me metieron con las niñas de primer curso. Yo ya me sabía todo aquello y me hacían escribir con dos renglones para mejorar caligrafía. Al empezar las clases las tablas de multiplicar. empezando por el "dos por uno es dos...". Que aburrido, yo ya multiplicaba varias cifras, y dividía. Lo que si aprendí bien fueron los números romanos:
La i (I) vale 1, la uve (V) 5, la X 10, la C ciento, la D quinientos y la M mil. Y luego sus combinaciones, que yo manejaba quizás mejor que Publio Cornelio Escipión, Julio Cesar uy seguro que Calígula.
Debí estar solo un curso y me pasaron con los mayores, era de los mas pequeños, junto con Jorge de 8 años, hijo del dueño de la fábrica de alcohol, un niño agradable y estudioso. Los 3 hijos del boticario: el mas joven y mas aplicado de 11 años, me llevaba bien con él.
Me caía mal su hermano mayor Javier, de 13 años. Las chicas lo tenían por guapo, era un creído insufrible. Me hacía gracia Benito, de 15 años. Ya tenía bigote y barba, parecía un hombre. Nos tomaba el pelo a los pequeños. Se ponía "dientes de boxeador" (protectores) y hacía muecas. La monja maestra estaba siempre llamándoles la atención. Eran dos brutos que "no sabían hacer la O con un canuto". Y los demás alumnos, de los dos sexos, eran también de poco estudiar.
Le dije a mamá que no aprendía nada. Y habló con la directora de las escuelas públicas. Esta le dijo que podían prepararme para la Introducción al Bachillerato, pues andaba ya por la edad.
Al Bachillerato se podía acceder desde los 10 años. Había que preparar un examen de ingreso. Estudiaría con una maestra joven, la señorita Candi, de 21 años, que daba clase a los párvulos, y era, según la directora, la mejor preparada para guiarme.
Salía a jugar con las niñas del pueblo, al patio de chicas, que era muy estrecho y largo. Las escuelas eran otro caserón centenario (por lo menos del siglo XIX)
La Ley Moyano se promulgó en 1857 y declaraba la educación obligatoria para todos los españoles de 6 a 9 años. Luego se alargó hasta los 12, a principios del siglo XX. Pero no se modificó la edad de ingreso al Bachillerato, desde los 10 años. Así que había una anomalía.
Los que íbamos al Bachillerato dejábamos la escuela desde los 9 años, pues había que preparar una especie de reválida de los cursos escolares y hacer el exámen de ingreso.
La escuela era como le tocó a papá, a mamá y a los tíos: 3 grados y 6 cursos. Yo solo tengo los libros de 1º y 3º grado, pero no el 2º, de las enciclopedias Álvarez, con dibujos lineales, en blanco y negro.
Para la Introducción al Bachillerato, me compraron el libro APTO, en colores, dibujos y fotografías, aún de poca definición. Abarcaba todos los temas escolares adaptados a los tiempos (ed. 1964-1965) : matemáticas, física, química, geografía, historia, ciencias naturales, sociología. Un año me bastó para superar el examen de Introducción al Bachillerato y ser admitida en el Instituto Marqués de la Ensenada, de Logroño, en 1º curso Bach.
El de introd al Bach fue mi mejor año escolar. Fui feliz y aprendí mucho. Nos presentamos muchas niñas al examen, íbamos (por lo general) con nuestras madres (los padres trabajando) y algunas maestras.
Entonces estaba bien visto que las mujeres tuvieran una buena cultura media, para ayudar a los hijos escolares y para que el marido no se aburriera, para poder tener conversaciones interesantes (ni a la abuela ni a mamá les hicieron falta estudios) Era una cultura de adorno. No recuerdo a nadie que pensara en una carrera universitaria, los chicos si. Además éramos demasiado pequeñas (de 9 a 11 años, la mayoría)
Las niñas del pueblo con las que trataba no sabían ni que era el Bachillerato. Ni para que servía. "Para saber mas", decía yo, que entonces no tenía conocimiento de la existencia de la Universidad, aunque si del Magisterio, y ser maestra si me gustaba. Para las niñas del pueblo el saber era una tontería, les interesaba mas conseguir un buen novio, es lo que les metían en la cabeza sus mayores.
Me enteré pronto que había que terminar el Bachillerato Elemental, 4 cursos, y los de Magisterio eran 3 mas. Oí a papás contar que una chica, hija de unos conocidos, había terminado con 16 años, y ya era maestra, en un pueblo. Eso de ir destinada a un pueblo no le gustaba a papa. Pero aún faltaba mucho tiempo. Yo tendría mas edad y seguramente él ya estaría jubilado, con lo que papás vendrían conmigo, apuntó mamá.
Tuve clases en casa de Tres Pedros. En el verano, para septiembre me quedaron varias asignaturas. Estudie con una joven maestra de Cenicero, que no ejercía porque no tenía destino. Ni le interesaba a su padre, un hombre grandón llamado Pedro y apodado Tres Pedros. Vivían en un caserón de aspecto noble (oí decir que eran gente rica) Éramos tres o cuatro alumnas. Nos daba clase en el salón. Mesa grande, rectangular, muebles antiguos.
Estaban por allí la madre, con su labor de aguja, y una o dos hermanitas jugando con muñecas. Tenían a una gata que había parido y entraba y salía por una puertecilla de un mueble bajo, tenía los gatitos entre vestiditos de muñeca. La madre era una mujer muy alegre y agradable. Colaboraba a veces en las lecciones, parecía tener buen nivel cultural. Eran clases entretenidas, me agradaba mucho aquella gente (del tipo de "Vive como quieras", película de los 40 o 50)
La moda de los años 60. Programas de TV en el Casino.
La moda: los primeros pantalones de mujer, los estampados psicodélicos y las rayas luminosas, los zapatos de tacón ancho.






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