Ernesto, guerra y postguerra






Ernesto Bravo con 19 años, recién salido de la Academia Militar.
1936 /1937.


El primer destino de Ernesto fue Nájera (Logroño) 19 años, 1936, desde la Academia en Madrid.
Durante la Guerra 1936-1939, zona nacional, y Postguerra, la Guardia Civil patrullaba por los campos (a pie) “teóricamente” para cuidar el bienestar de la gente. Ahuyentaban, perseguían y apresaban a delincuentes (en mayoría “de poca monta) y a “maquis” (republicanos o “rojos” escondidos entre bosques y matorrales, más o menos cerca de pueblos y casas de labor) Iban en parejas de guardias rasos, uno de ellos guardia primero (al mando) o guardia y cabo.

Ernesto pronto ascendió a Guardia Primero, por sus propios méritos: tiempo en el Cuerpo, cumplimiento fiel en el servicio, ecuanimidad. Patrullaba con otro joven. La pareja de guardias era respetada y motivo de tranquilidad para la mayoría de los aldeanos.
Contaba papá:
Llegábamos a los caseríos y al vernos ya nos preparaban algo para comer y beber (queso, chorizo, pan y un jarro de vino de la tierra) Eran gente conocida, que parecían apreciarnos, unos mas zalameros y otros más callados.
A veces se les veía con temor, más callados y serios de lo normal. E intuíamos que por allí rondaba algún pequeño delincuente o algún maqui.
- ¿Qué tal todo por aquí? ¿Todo tranquilo?
- Si señor, ¡todo tranquilo!
Y se veía a la mujer que asomaba desde la cocina y nos traía unos trozos de pan u otra cosa. A veces ellas, más ladinas, tomaban el pulso de la conversación.
- ¡Vaya tiempecito que nos hace!  Pónganse junto a la chimenea, que la acabamos de encender, y séquense las capas! – Si llovía o nevaba.
O:
- Pónganse aquí que hace más fresco – Si caía un Sol de justicia.- ¡Y que tal por Nájera (o el pueblo base del cuartel que fuera) ¿alguna novedad?
- Lo de siempre.
- ¿Hay noticias del frente? – Se animaba a preguntar el marido.
- Se aleja. Los nacionales ganan terreno – contestaba alguno de nosotros.
- ¡Gracias a Dios! – aunque no lo sintieran mostraban ser muy de este bando.

Papá de servicio por el campo.

A veces les notábamos temerosos. Les temblaban las manos, al ponernos el almuerzo, sobre todo al marido, que la mujer siempre es más templada, miraban de reojo, al “pariente” o afuera, por la ventana. Y suponíamos que por allí andaba algún “fuera de la ley”.
Incluso alguna vez les pillamos recogiendo un almuerzo para 3 o 4 personas, cuando ellos eran solo dos. Pero no les decíamos nada, ni nos empeñábamos luego en buscar por la zona. Total eran unos desgraciados que ya estaban pagando por sus errores o por sus adversas circunstancias. Además, ¡a que jugar a héroes! y herirnos o matarnos unos a otros por una guerra fratricida que ni nos iba ni nos venía. Y todo pasaba sin pena ni gloria”.

Los maquis vivían ocultos en los campos o en algún pajar o cuadra, incluso en el desván de la casa familiar; amparados por su gente, del pueblo y de los caseríos. Solían ser conocidos que habían luchado en el bando republicano, o declarados contrarios a los nacionales (rojos, anarquistas, “gentes de mal vivir”) que vivían de la limosna, el robo y la extorsión, o de la caridad. Ponían en peligro a las gentes que les ayudaban, temerosas de unas y de otras.

Si pillábamos a algún maqui ¡que podía pasarle! A la cárcel o al paredón, más probable en los primeros tiempos. Y ¿Qué ganábamos nosotros? …. ¡Méritos para el ascenso! Yo no quería ascender así, a costa de la vida y el sufrimiento de otros. Y la mayoría de mis compañeros eran del mismo parecer.

Papá contaba poco, pero algo se le escapaba:
En Nájera mataron a mucha gente inocente. Eran denunciados por simples envidias, para quedarse con sus propiedades y hasta con sus mujeres. Y a veces por simple maldad.
Yo denuncié una vez esto a mi superior y este, muy mal encarado me dijo:
-         Usted se calla, o va al paredón con ellos.
Lo podía haber denunciado a éste a otro superior (al teniente o capitán) Pero qué conseguiría. Seguro que apertura de expediente disciplinario, quizás ir a la cárcel. O al paredón como había dicho el sargento. Y no hubiera salvado a nadie. Estaba tan “cogido del morro” como aquellos pobres desgraciados. Debía de pensar en mi madre y hermana que dependían de mi sueldo.

Gracias a que mi abuela Constantina y la tía Purificación eran familia de Guardia Civil tenían buena consideración y algo de ayuda, de hecho más que de derecho. No pasaron hambre como si se hubieran quedado en el pueblo, en Extremadura. Y peor aún, quizás entonces hubieran sufrido el ataque de los moros de Marruecos, que llegaban con los nacionales, y que arrasaron pueblos enteros de aquella tierra, matando y violando. 
La película “Dos mujeres”, interpretada por Sofía Loren, años después, ilustró un negro pasaje de la Italia de Segunda Guerra Mundial, como ya se habían producido en España.
Papá, siempre responsable; fue “el hombre de la casa” desde muy jovencito, a pesar de que Puri tenía dos años más; no podía solo pensar en él. Y se tuvo que callar ante las grandes violaciones del Cuerpo al que pertenecía. Puesto que el lema de éste es: El honor, es la principal divisa de la Guardia Civil. Pues no en aquellos tiempos, que hubo algunos elementos que lo deshonraron, y casi siempre los malos son los que están en mejor puesto de poder. Contaba papá que otro jovencito, era muy poco escrupuloso, y participaba con gusto de las represalias a los "enemigos". 
Ernesto pasó de guardia primero a cabo, ya en la postguerra. El otro ascendió antes.

En la Postguerra fue destinado a la costa vizcaína. Allí el principal problema era el contrabando (tabaco, café) Los guardias civiles revisaban la carga de los barcos, más o menos escrupulosamente. Solían darles alguna cosilla (un paquete de café, un pañuelo para mujer, de las Américas) Cosas no de mucho valor, que hubiera sido soborno. Papá siempre fue reacio a aceptar donaciones, pero algo aceptó, para su familia, y su novia.

Ernesto en Vizcaya, 1956.



Tenía mamá un pañuelo de Cuba, que envolvió un paquete de café en grano. Se lo trajo papá de novios o al poco de casarse.
A papá le gustaba más ese trabajo que el de los campos, menos responsabilidad  en la vida de las personas, y más orden en las actuaciones.

A Ernesto le perjudicó que el régimen de Franco fusionara el Cuerpo de Carabineros con el de la Guardia Civil. Normalmente se ascendía por años cumplidos en el servicio (y a veces “por recomendación”) En 1952, cuando papá ennovió con mamá, era aún Cabo, con 34 para 35 años. Llevaba desde los 18, mucho tiempo para tan poco ascenso. Pero los carabineros eran mayores que los guardias civiles, había muchos jóvenes como papá. Creo que cuando nací yo papá ya era sargento.

Papá y mamá, boda el 9 de agosto de 1952.







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