Novela Policiaca

 Cuando mamá y yo quedamos solas (papá murió en primavera de 1986) pensé en como entretener a mamá. Habían estado siempre muy unidos. Tenían caracteres diferentes, pero se complementaban. Cuando papá se jubiló iban muchas veces juntos, sobre todo por la tarde. Lo echaba de menos.

de 1971 a 1973

Así que ideé leer un mismo libro y luego irlo comentando. Debían de ser historias sencillas, no quería que la lectura la agobiase. Así que se me ocurrió leer libritos de Agatha Christie (ya tenía algunos) irlos leyendo las dos, poco a poco, e intentar resolver los casos.

Y los domingos íbamos a una cafetería y hablábamos de cualquier tema (o de cualquier otra cosa) Yo cumplí 30 años y era tiempo de dejar la discoteca y el ligoteo. Me dedicaría a conseguir un buen empleo y a cuidar a mamá. Y fue un tiempo feliz, en medio de grandes contratiempos.

Leímos todas las novelas de intriga que conseguimos. Y mas de una vez. Nos gustaba mas la señorita Marple (un poco me recordaba a mi abuela: anciana, detallista, buena escuchante, observadora y lista) Poirot nos parecía menos simpático y creíble.

Leímos Un gato en el palomar. Ambientado en un colegio inglés de señoritas. Aquí no atinamos a descubrir al asesino. Pero  fue nuestro primer "caso". 

Luego fuimos perfeccionando nuestras dotes detectivescas.

La casa torcida: mamá dijo "¡Y si es la moceta la asesina!", y yo dije: "¡La niña!". Mamá expuso en que basaba sus sospechas. Y acertó.

En Se anuncia un asesinato, no atinamos hasta cerca de la resolución.

En Muerte en el Nilo yo dije "tiene que ser el marido, no se como ni cuando".

En algunas novelas pensamos: "ha de haber mas de un asesino, o cómplice". Competíamos con nuestras teorías sobre el asesino y la resolución del caso. Iba ganando yo, porque me concentraba mejor. 

Lástima que en la vida real no tuviéramos tanto acierto. Yo creo que la abuela Paquita nos daba cien mil vueltas en la psicología humana. Y no sabía leer ni escribir, pero a lista ninguna de nosotras le llegábamos a la suela de los zapatos. A nosotras la gente siempre nos ha sorprendido, sobre todo a mamá. Yo, con los años, he espabilado mucho, pero hasta los 40 era como una chica de 18 a 20 años. 

Papá temía dejarnos solas. Decía que éramos unas ingenuas, que al no tener maldad no comprendíamos la de los demás. Nos costó tiempo, y  desazones

A mi menos, porque yo seguía la máxima de la abuela: "piensa mal y acertarás". Mamá decía que "no siempre se acierta". Y yo le decía "mejor desconfiar primero". 

Con aquellas lecturas nos íbamos adiestrando para guardarnos de la maldad existe en la vida real ¡si no de donde sacan los escritores estas historias! pues de sus experiencias".

A los 45 años yo ya me parecía a mi abuela (en el mal pensar) pero mamá siguió pensando que al final triunfa la Justicia. No quería contradecirle mucho, para no amargar sus últimos años. Yo veía gran maldad a nuestro alrededor. ¡Demasiada maldad!

Pasamos a otras lecturas policiacas y otros géneros mas amables y/o interesantes, como las novelas de costumbres e históricas.

Papá tenía parte de razón, sin él nos fue mal. Pero no por su falta directamente, si no porque los malos del entorno nos creían "tontas" de remate. Y ellos no eran listos.

¡Lo que puede fastidiar un tonto! y mas dos. Nuestros "enemigos" perdieron, nosotras también, pero no tanto como ellos pensaban. En realidad nos fue casi bien. Si lo hubiéramos sabido no nos hubiéramos angustiado tanto. Yo al final, dejaba que nos creyeran mucho mas atolondradas de lo que éramos, porque "en la confianza está el peligro" (siempre dijo mi padre) 

"Déjalos que vayan por ahí! Aunque nos den poco por el piso nos libraremos de ellos", dije a mamá, "Van a perder mucho mas de lo que han invertido en dañarnos" 

"Lástima que no lo vamos a ver", dijo mamá. Y nos fuimos sin ruido y sin mirar atrás. Luego me enteré de las "desventuras" de  "maléfica", pero esa es otra historia.



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