Cuarta decada
De los 31 a los 40 años. Debe de ser tiempo de asentamiento y plenitud.
Si no se está bien integrado empiezan las dificultades.
Sobre todo en el caso de la mujer, a finales de los 80s se veia mal que no estuviese casada y con algún hijo.
Y si encima de sola no tenía buen empleo era motivo de vergüenza familiar.
(blog. de Educación, páginas)
Me centre en conseguir una buena vida laboral y cuidar a mama.
Ya no tenia interes por el matrimonio (12 años antes murio mi mejor posibilidad: Javier, !que Dios tenga en su gloria. Ninguno de los candidatos posteriores le alcanzaba ni a la mitad)
Seguían los atentados de Eta, casi todas las semanas. La incertidumbre de seguir viviendo o no ya me pesaba. Que sea lo que Dios quiera! me decía.
Una cruzada personal
Comenzo a hacernos la vida imposible la vecina de abajo. Le habia cogido envidia a mi madre. Su marido se la pegaba con cualquiera y cada vez mas, a medida que ella envejecia. Mama fue amada con devocion, por mi padre. La vecina fue atractiva pero su maldad la fue afeando.
A veces la bondad se esternaliza y embellece. Y la maldad también se vuelca al exterior, y afea.
Aun habia esperanzas de salvarnos. Luche esforzandome por conseguir méritos para un buen trabajo. Al final de la decada, en medio de angustias y contratiempos, parecia que habia conseguido mis propositos.
Empecé a notar los primeros signos de la edad. Defectos de la piel, falta de flexibilidad en las piernas. Quizás fuese el estrés que sufría, aceleraba mi envegecimiento.
Ahora no solo sentía el peligro de la calle. El mayor miedo era encontrarme a la malvada y sus amigas por la escalera. Bajaba y subía rápido, entonces aún podía.
Adoptamos una gata. Compramos una siamesa un 24 de diciembre de 1992. Yo quería llamarla Natividad. Mamá no quería ponerle nombre de persona. Al final la llamamos Michi.
Sólo nos preocupaba escapar de aquella comunidad. Pero no teníamos buena suerte: no me salía un buen empleo ni nos tocó la lotería. Mamá acertó la primitiva 2 veces, en 1988 (436.000 ptas) y en 2002 (280.000 ptas) muy insuficiente para cambiar de piso.
No me preocupaba ya por la política ni el mundo exterior. Bastaba con nuestros problemas. Había noticias de niñas y adolescentes violadas y asesinadas, la 2ª mitad de los 80 y los 90 fueron terribles en este aspecto (además de los atentados)
Yo andaba cuidadosa, cuando iba o venía anochecido. Gracias a Dios no me pasó nada. Aunque era ya algo mayor para los sinvergüenzas. Y vestía sin potenciar atractivos.
En 1993 se dio el caso de las niñas de Alcaser.
Quinta década
41 a 50 años.
Debe ser la mejor época de la vida: la consolidación de logros, de todo aquello por lo que hemos trabajado.
En mi caso fue tiempo de incertidumbre y angustia. Y me vino como perjuicio colateral. Era contra la pobre mamá el complot de María Merchero, la mujer mas mala que conocimos.
Mamá y yo nos unimos aún más para afrontar el peligro. Luchar en 2 o 3 frentes a la vez dificultó mis logros.
Lo primero que hice es ahorrar el máximo, y a cubierto de "Maléfica". Cambiamos de entidad bancaria.
Dejamos de viajar en verano. Teniamos a la gata Michi. Y en 1997 adoptamos a la perrita Atila, bonita mezcla de pequinés y caniche.
Con 40 años dejé el gimnasio, por cuestiones económicas principalmente. Atilin fue mi nueva entrenadora.
Atila y yo íbamos al parque de los jesuitas sábados y domingos. Gozábamos de nuestro vínculo. Era tiempo para pensar en el "silencio" de la Naturaleza. Procuraba alejarme de las casas, de las ventanas. Alguien podía dispararnos.
Mamá y yo no pudimos hacer nada por salvar nuestra economía. Las fuerzas en contra nuestra eran desmesuradas.
Mamá enfermó de impotencia. Ella creía en la Justicia. Yo no. No la convencí, creyó que yo era pesimista (como papá)
Mi abuela decía "piensa mal y acertarás". Desde el principio de llegar a Salamanca (1975) me di cuenta del carácter áspero de sus habitantes. Y que algunos eran malvados sin remedio, gente de la generación de mis padres sobre todo.
Entresiglos fue tiempo de preocupaciones sociolaborales grandes, no me preocupé mucho por cuestiones "de afuera".
Llamó mi atención la Guerra del Golfo Pérsico. Parecía un videojuego. Los partes de guerra eran televisados como si fuera una serie televisiva.
Luego el gran atentado a las Torres de Nueva York, fue impactante. Hizo que nos sintieramos afortunadas, por no estar allí, entre gente "privilegiada", triunfadores que ganaban tanto, que tenían buenas viviendas y mayor libertad que nosotras.
El 24 de septiembre de 2003 vinimos a vivir a este pueblo. Con la venta del otro piso, nuestros ahorros y una pequeña hipoteca, compramos este piso (pequeño y falto de arreglos) Solo pudimos acondicionar la cocina y toda la instalación eléctrica.
Es peligroso quedar sin vivienda propia. Mejor tener una "chabola". Recordaba una película italiana de postguerra: una mujer orgullosa de tener casita, en un barrio miserable.
Y volvi a buscar empleo. Ahora tenía la dificultad añadida del transporte público. Frecuente, pero había que salir de casa con mas tiempo y encarecia nuestra vida. No era lo que mas me importaba.
Mamá estaba muy mal de las piernas, apenas la sostenían. Se quedó paralizada por las malas sorpresas. Fue perdiéndose.
Con 46 años, y tras aguantar el acoso laboral de 4, no me renovaron el contrato y quede en el paro. Y asi llegue a los 50.
Ya estabamos lejos de Malefica, y de los compañeros traidores y rastreros. Eramos libres. Pero mama no se recupero de los golpes sufridos. Nuestra economia tampoco.
Yo me miraba cada vez menos al espejo. Los signos de la edad estaban acabando con el poco atractivo que me quedaba. Me rendí a envejecer. Ya sólo quedaba el mantenimiento, por mamá, por los animales y por mí.
Mis vecinos eran gente vasta, inculta. Nos trataron mal desde el primer momento. Y había, de nuevo, envidias. Tontas rencillas de una vieja ignorante y hortera, vecina de rellano.
Hay algo más absurdo que envidiar a quien es más pobre! Ella tenía 4 hijos, todos trabajando, en negocio propio, y próspero. Que envidiaba: nuestro piso, que da a una placita.
Esta vecina vieja nos cogió tirria porque apetecía el piso que habíamos comprado, pero lo quería por "2 perras". Lo había utilizado y deteriorado gratis mientras estuvo vacío.
Nos perjudicó para siempre, en el entorno. Por suerte, su maldad no llegó a la de Maléfica.
Llegue a los 50 y a la menopausia. Enferme silenciosamente. Me cansaba mucho. El tratamiento me hizo mejorar.
Ya no busqué empleo, procuré ir ganando algo de forma esporádica. No podía dejar sola a mamá mucho tiempo.
Los 80 y los 90 fueron años me muchas muertes violentas de adolescentes y jóvenes, la mayoría mujeres. Parece que en toda España se había instalado la maldad.
Nosotras luchabamos contra el grupo de vecinos diabólicos que nos rodeaban. Intentábamos escapar. Mamá puso a la venta el piso, por 12 millones de pesetas. Era un piso grande, necesitado de arreglos. Así que no atendiamos mucho a las noticias.
Yo me alegraba de ser mayor. Ya no tenía atractivo ni salía por la noche. Nuestro peligro era sólo económico.

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