Segunda década



 De los 11 a los 20 años, fue con diferencia mi tiempo más feliz. Hasta casi el final, cuando todo se quebró.

Empecé a interesarme por la moda, la ropa y la música. 
En los años 50 veíamos "Noches del Sábado" en la TV del Casino de Cenicero.

El de 1967 fue el del verano de los zapatos azul claro. Mamá me compró unos con un poco de cuña (2,5 cm)
Para otoño 1969 zapatos color teja, y de todos tonos de marrón, verdes, azul obscuro. En invierno botas y leotardos (3 cm)

Pantalones para mujer. Los primeros eran tipo gimnasia, de espuma, con polainas, azul obscuro y negros ¡Vaya culo nos sacaban!

Mi primer verano en San Sebastián. 
La ciudad mas bonita que había visto hasta entonces.



Después pantalones pata elefante, al principio para mujer abrochados a un lado, como las faldas.
Otro verano en San Sebastián (1972 0 1973)
A papá le gustaba ir cómodo, "de trapillo". 
Mamá decía que así vestido no se hubiera casado con él. 
Estaba mucho mejor de uniforme.



Desde los 15 años ya tacones de mujer (5cm)

Los hombres se dejaron melenas y patillas. Me gustaban algunos melenudos. La mayoría parecían mujeres mayores. 

Mi novio Javier era muy clásico. No conseguí que se dejara el cabello largo, lo más que llevara patillas de bandolero, no muy pronunciadas. Su hermano menor, Jorge, iba mas a la moda. Se echó novia muy jovencito. Una chica guapa, con cabello castaño claro y liso. A mi no se me quedaba liso ni planchándolo. Lo tenía un poco ondulado (en los 80 si estuvo de moda)

Me gustaba aquella moda, era distinta a lo anterior. Era divertida: formas desacostumbradas, colores luminosos (lástima TV en blanco y negro, y las fotos en color desvaído, no quedaban bien)

Vestiditos cortos de telas de colores luminosos, de rayas y estampados psicodélicos y de flores. Había que tener las piernas bien formadas para lucir atractiva (mamá era perfecta, no iba muy corta) Yo estaba flaca, pero bien; al menos a partir de los 15.
Hasta el final de la década tenía más cuerpo de niña que de mujer. Y mi cabello (casi negro) fuerte y hueco, no a la moda de los pelos lisos que se llevaban. Tampoco me veía muy guapa.

Mamá, en la Guillerma, ribera del Ebro, cerca de Logroño.

Papá, ribera del Ebro, cerca de Logroño.

Yo en Lequeitio (Guipuzcoa) 13 o 14 años.

El economato
A papá le daban la extraordinaria el 20 de diciembre. Hacíamos gran compra en el economato de la Guardia Civil (cuartel de la Calle Marqués de Murrieta, Logroño)
Comprábamos dulces para Navidad, para toda la familia.
Luego los familiares remoloneaban para pagar a mis padres. Y algunos no pagaban nunca. Papá decía: A ver si creen que nos lo regalan! Por los "Jetas" papás terminaron comprando solo para nosotros. Y como se enfadaron los tíos!

 

Mamá Gran Vía de Logroño. La blusa, estampado fondo blanco, tejido satinado, muy bonita. Los primeros colores de las fotos no salen bien.

Papá, estación de ferrocarril.

Hice el Bachillerato de los 7 años. Por la Ley de 1857.
Hasta los 16 años estuve muy ocupada con mis estudios. Es lo que más recuerdo. 
Y luego con el novio y los estudios. Iba para Magisterio. Aquel tiempo pasó demasiado rápido.
Mi novio, Javier Ramón Hernaiz, tenía 9 años más que yo. Estaba en 6 curso de Medicina, en Zaragoza. Venía a Logroño casi todos los fines de semana.
Era primo lejano: hijo de don Elías, primo de la abuela Paquita. Hijo de un tío de mi abuela, por parte de su madre.
Papá tenía reticencias: era muy mayor y yo muy joven, ser familiar. Pero tenía muchos aspectos favorables: buena familia, en todos los sentidos (gente agradable, adinerada) chico con buen porvenir, bien parecido, simpático.
Me gustó desde el principio. Papá hizo amistad con su padre. La madre y mi abuela siempre se habían apreciado. 
Tenía 3 hermanos. Dos mujeres mayores, casadas y con hijos y un hermano menor, de mi edad.

No tuvo final feliz. La 1ª y peor gran tragedia en mi vida. Mi novio murió en accidente de tráfico, carretera de Zaragoza a Logroño, finales de mayo (día 26) después de mi 19 cumpleaños. Me traía un regalo de la capital maña. No supe nunca lo que era. No pregunté, no me acordé de lo que me había escrito.

No tengo foto de él. Nos las íbamos a hacer ya casados, decían. Era época llena de tabúes y prohibiciones. Nosotros éramos hijos obedientes y bien integrados en la Sociedad de aquel tiempo.

Mi último año de la 2ª década (20 años) Fue triste. Yo siempre fui de poco exteriorizar mis sentimientos, al igual que mi madre y abuela. Empecé a notarme falta de energía. Algunos lo confundieron con vagancia. Era apatía, decepción de la vida. Guardé el vestido de novia en el fondo de un armario. Si me salía otro pretendiente lo usaría. Aunque tuve la convicción de que no aparecería ningún merecedor, Javier había puesto el listón muy alto, la buena suerte no se repite en nuestra familia, eso cuando llega.
Yo tuve la oportunidad de ser feliz, de soñar una vida tranquila y agradable. Y viviría con aquel tiempo, cada vez más idealizado.







No hay comentarios:

Publicar un comentario