Mamá, papá y yo en Ea (pueblecito costero de Vizcaya) en el puentecito que divide en dos la pequeña población. Mediados años 50.
Mamá a finales de 2012 estuvo muy enferma. Estaba ya muy deteriorada, a veces no era como fue: optimista, animosa, siempre pensando que todo nos iría bien.
Mamá de Luto por su padre, Marcos (1961) En Madrid.
Mamá en la Gran Vía de Logroño (1973)
En 2013 me tuvo preocupada buena parte del año. Yo trabajaba por la mañana, llegaba a casa con la preocupación de que hubiera empeorado. Fue en septiembre cuando ya "no levantó cabeza".
Mamá en Salamanca y en Pontevedra. Años 80.
Siempre había dicho: "una piedra, con los golpes, acaba quebrándose". Y así fue.
Desde que murió mi padre, el 1 de abril de 1986, todo nos fue "de mal en peor".
Los contratiempos, en buena medida, se resolvieron en el verano de 2003. Cuando llegamos a este pueblo. Mi madre vino ya muy "machacada", estaba envejecida y débil. A veces no recordaba como había empezado aquel calvario.
Pero no "se perdió del todo", ni en sus últimos momentos, que fueron en una habitación del hospital de la Trinidad de Salamanca.
Me decía: "procura meterte de cocinera", estamos bien aquí, calentitas.
Pasábamos mucho frío en nuestra casa "sin" (sin ascensor, sin calefacción, sin comodidades)
La ayuda llegó 2 o 3 días antes de su fallecimiento: 525 euros, y con su pensión de 590 llegaba para una plaza de residencia, pero en una habitación compartida. No hubiera aceptado. Yo pedía ayuda en casa. Alguien que tuviera fuerza para levantarla, para asearla, bañarla y cuando se cayera.
Falleció el 8 de octubre de 2013, hacia las 11 de la noche, cuando dejé de escuchar su respiración. Era martes y hacía fresco en el exterior. Quedó dormida del lado derecho, con los ojos cerrados y la boca entreabierta; bella y serena en su vejez.
Hace mucho tiempo mamá me contó que yo, de pequeñita, le cogía la cara y le decía "¡carita de Sol!". "No se de donde lo sacabas yo no te decía eso, lo más solete" (Si "solete " era una palabra habitual de mis mayores, para niños y jóvenes)
Me dijo que yo era muy cariñosa con ella, aunque ella nunca fue una mamá "empalagosa". Y yo tampoco de adulta. En la familia nos quisimos con serenidad y constancia.
¡10 años ya, sin ella!¡Que barbaridad!
No me reconocería. Ella ya en sus últimos años veía poco. Se iría con la imagen joven aún que yo tenía con 40 años.
Perdí lo más valioso que tuve alguna vez. En mi adultez, éramos como amigas. Teníamos gustos muy parecidos: comentar libros, noticias, películas. Íbamos a alguna cafetería los fines de semana y soñábamos con una vida mejor: una casita con jardín, yo de profesora, vacaciones por el Norte (de España y de Portugal)
Solo me quedan buenos recuerdos. ¡Hasta siempre, Carita de Sol, estás ya en "mis cuentos".


